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7 pensamientos en “Fotografía 13

  1. Alejandro Reis Baigorri IES Número 5

    Si yo fuera él me sentiría como un esclavo, sin libertad, como un mísero niño que no para de trabajar para poder sobrevivir. Me sentiría despreciado, tratado como un animal que no tiene a donde ir y que ya sabe su destino, trabajar durante el resto de su vida, con una infancia que ha consistido en el duro trabajo de los adultos, sin poder jugar con más niños y sin poder disfrutar de esos años de inocencia.

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  2. Diego González (IES Isla de la Deva; 4ºA)

    Trece años tenía cuando comencé a trabajar en la mina. Sin ganas nos dirigíamos hacia el Pozo Santiago de Aller. Los más pequeños normalmente eran usados como mensajeros o recaderos, pero me tocó vivir en esa época en la que a los trece ya eres considerado un hombre hecho y derecho. Cada mañana me ponía a picar, duro castigo para un cuerpo aún por formar. Parecíamos almas en pena, condenados por el delito de nacer en una mala época. Salíamos de casa en silencio, pensando en la oscura jornada que nos acechaba. Pero aún así, puntuales, nos veíamos a las seis cada mañana frente a la mina, ahogados en una ardua rutina monótona. Algunos temblorosos, otros resignados descendíamos en ese chirriante ascensor, sin sitio para maniobrar, y de repente allí nos encontrábamos, en la boca del lobo, sin escapatoria. Cinco horas después, puede que ocho, se acababa nuestra jornada. Allí abajo no sabes lo que pasa en la superficie. No sabes si llueve, si hace sol, si truena. Sólo sabes que, o trabajas duro, o tu familia no comerá ese mes. Vivir para trabajar, y trabajar para vivir. Con trece años me arrancaron mi infancia sin piedad.

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  3. Ana Fuertes Vicente (4ºA IES Isla de la Deva)

    Ya estaba como siempre… Fue el primero en ponerse delante cuando aquel hombre sacó su cámara. Siempre quiere el protagonismo, mientras los demás quedamos en segundo plano. Con su actitud de “por mucho que os esforcéis nunca vais a llegar a ser tan hombre como yo” mientras hacía ese gesto chulesco que tanto nos irritaba.
    Y es que era el único de los cuatro, que mientras trabajaba, lleno de sudor, hablaba de poder ir al frente, de armas, de muertes… Mientras nosotros, atemorizados, esperábamos respuesta de padres o hermanos.

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  4. Jorge Paniagua Padilla (3ºB IES Isla de la Deva)

    Como cada día bajaba,
    con el pico al hombro
    y la linterna colgada.
    Sin quejarse trabajaba
    y sus pulmones explotaba,
    su adolescencia empezaba
    y su vida terminaba.
    Su única foto en la vida,
    antes de bajar al infierno,
    fue golpear con el pico
    y ya estaba muerto.
    No tuvo entierro,
    era un simple minero
    “que traigan a su hermano pequeño
    que ya tiene edad
    para hacer agujeros”
    dijo el capataz
    antes de irse del pueblo.
    Y el joven muchacho
    empezó a trabajar donde murió su hermano,
    entre lágrimas y sollozos, sudando,
    era lo que había,
    si no, a su madre
    y a su hermana
    ¿quién las cuidaría?

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  5. Celia Menéndez

    Y allí estaba yo. Tenía catorce años y, tras haber terminado la guerra, éramos los niños los que íbamos a trabajar a las minas.

    Desde pequeño me había ilusionado el hecho de bajar con mi padre y mi tío allí, pero, a medida que iba creciendo iba comprendiendo cosas que antes ni siquiera me paraba a pensar. Uno de mis hermanos, mayor que yo, también estaba allí, él ya había tenido algunos accidentes. Eso me hizo pensar: ¿Y si yo tuviese también uno? ¿Y si…?
    En este momento todo me atormentaba pero ya no había vuelta atrás, mi familia me necesitaba y eso era lo importante ahora. Por eso seguí adelante y no miré atrás…
    Celia Menéndez García. 1º ESO B IES Río Nora

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  6. Jaime Martínez García (4ºC IES Isla de la Deva)

    Veníamos todos de la mina. Odio el color negro que tiñe mi ropa, odio el olor que se impregna en mi cuerpo, odio cuando tengo que bajar a la mina ¿Por qué tengo que trabajar, cuando veo muchos niños felices jugando en la calle?.
    Me fui de la cuenca mientras pensaba que necesitaba un buen baño después de tres horas intensas sacando carbón, y tenía un hambre que hasta olía el café y los mendrugos desde la propia mina.

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  7. Graciela Díaz Cuervo (4ºC IES Isla de la Deva)

    !Por fin había llegado mi hora! La hora de bajar con mi padre y con todos los demás hombres a la mina. Cavar durante horas para conseguir el carbón que alimentaría a mis hermanas y a mi madre.
    Mantuve la compostura para la foto previa a la bajada. Y tras coger los picos y todos las demás herramientas llegó el ansiado y temido momento.
    Entré al mismo tiempo que todos los demás, y salí uno de los últimos. Mi ilusión se perdió conforme bajaba. Ahí abajo teníamos que librar otra guerra, y no en mejores condiciones que en la de fuera.

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