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17 pensamientos en “Fotografía 17

  1. Laura Álvarez García IES Nº 5

    La bomba
    Me llamo Nico, vivo en Avilés con mi madre que hace lo que puede para cuidarnos a mi hermano y a mí. Mi hermano se fue a la guerra hace un año y aún no ha vuelto, mi madre le reza a la virgen de Covadonga para que esté bien; a mí me dice que está bien, que cuando la guerra acabe, volverá y me abrazará como siempre, revolviéndome el pelo con las manos mientras mi madre le besa la frente. Cuando mi hermano y mi padre trabajaban en la mina de Mieres, tenían que ir en tren para poder llegar bien, pero, como es muy caro, tenían que subirse en marcha. Cuando tenía tres años, mi padre murió en un accidente, pero mi hermano se salvó, solo que ahora tiene una cicatriz en la pierna y varias en los brazos, él me decía que un león le había mordido, pero yo sabía que no era cierto.
    Hoy he cumplido siete años y he tenido que ayudar a mi madre en el taller. Ella es modista, pero, como es mujer, no gana demasiado. Cuando iba a volver a casa, vi un pájaro de metal muy grande surcar el cielo, era muy raro, así que decidí correr hasta un rincón por si decidía bajar y comerme; oí un fuerte ruido que me dejó sordo unos minutos mientras, sin saber por qué estaba tirado en el suelo. Mi madre llegó muy preocupada, lo veía en sus ojos. Me abrazó fuerte, me tapó con su abrigo y me sentó en su regazo mientras rezaba. Yo estaba muy asustado pensando en si el pájaro volvería a por mí para comerme.

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  2. Yaiza V. Ardid, 3ºA IES Nº 5

    Allí estaban, llorando, asustados por el ruido de las bombas y los gritos de desesperación de los vecinos. Los veía, claros como el agua. Pero ellos eran incapaces de verme a mí. Me acercaba, poco a poco, con pasos cortos e indecisos. Le acaricié el rostro a Catherine. Estaba tan guapa como siempre. Pero algo había cambiado. Esa mirada…, tan triste… Sus ojos estaban hundidos en un oscuro mar de llantos y lamentaciones, pero aún así sonreía, con una gran fortaleza, procurando darle ánimos al pequeño Nicolás.
    Si por lo menos hubiera podido despedirme de vosotros como merecíais… Nunca me lo perdonaré, os lo aseguro. Simplemente me quedaré observándoos en la penumbra, protegiéndoos. Tal vez nos reencontremos pronto. Aunque espero equivocarme. Más que la muerte es desgarrador el dolor que me produce estar condenado toda la eternidad, mientras vosotros pensáis que os abandoné, como uno entre tantos, para salvarme de esta dura guerra. Ahora solo me queda una guerra interna, interminable.

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  3. Marta Menéndez Carrasco, IES nº5

    Me levanté una mañana y me acerqué a la habitación de Tomás. No había venido a despertarme como cada mañana, así que me preocupé. Mi niño yacía en la cama con los ojitos entrecerrados y me miraba con ellos pidiéndome ayuda. Me acerqué y le acaricié la frente. Estaba caliente. Me susurró “mamá” y se me partió el alma. Le vestí y decidí sacarle fuera para que le diera el fresco. Nos sentamos en un bordillo y lo apreté entre mis brazos. Solo esperaba que no fuera nada grave. Acababa de perder a su padre, no podía perderle a él.

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  4. Lucía Morán IES Número 5

    Llego a casa y veo a mamá llorar, día y noche, siempre triste y desolada. Diez años de vida y pocas experiencias no implican que no sepa ver las cosas y que no me dé cuenta de lo que está pasando de verdad. Es que ya son muchas evidencias; mis hermanitas pequeñas escondidas en ese sótano de la plaza del pueblo y las vecinas llorando como mamá. Otros detalles que no paso por alto son la saturación de las ambulancias, los continuos estruendos y los hombres mutilados. No puedo seguir así, porque es imposible. Hoy doy por finalizada mi infancia, ya no soy un niño. Puedo comprender perfectamente las cosas; sé que estamos sufriendo una guerra y también sé que nos están intentando hacer daño. La única pieza que me falta me la ofrece mamá, sin respuestas, sin palabra alguna, solo mirándome a los ojos y refugiándose en mis brazos como si yo fuera su propio padre: y es que…
    -Mamá, ¿papá está muerto?

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  5. Isabel Galán Cabrera 3ºB

    Me acuerdo de mi triste infancia. Mi madre y yo dormíamos en la calle con apenas dos chaquetas. Sufríamos mucho al pensar que mi padre nunca llegaría de vuelta de la guerra civil.
    Lo peor era el invierno, aterraba el frío. Para poder comer pedíamos limosna por las calles y con el dinero que ganábamos pedíamos algo de pan y fruta. Por las mañanas iba con cuidado a llenar jarras a la fuente. Los días de lluvia nos metíamos debajo de algún puente. Cada noche, antes de dormir, miraba aquel cielo oscuro y pedía a Dios que mi padre estuviera vivo en algún lugar de la tierra. Mi madre se pasaba todas las noches llorando. Ella no soportaba el simple hecho de que mi padre no sobreviviera y de que yo creciera sin él.

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  6. Carmen G.T. 3 ESO B IES Número 5

    LA POBREZA INVADE LAS CALLES
    Cada vez crece el número de personas que son desahuciadas de sus hogares.
    La guerra últimamente está provocando graves daños materiales y morales en las personas. La falta de una vivienda, la comida, la higiene y muchas cosas más están causando una pesadilla, para algunos eterna.
    Un gran número de personas se está viendo obligado a vivir en la calle y buscar comida entre la basura. Las madres, desesperadas por tener a sus hijos a la intemperie y muertos de hambre, siguen con la esperanza de que esta situación acabe.
    A pesar de todo esto, la gente seguirá luchando por conseguir la vida que realmente se merece.

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  7. Beatriz Fernandez Hevia 4ºA Ies Isla de la Deva

    A lo lejos podía escuchar como los edificios se derrumbaban, como las bombas estallaban cada vez más y más cerca. Disparos que causaban terror entre la gente. Mi madre pudo ver el miedo en mis ojos y no sé quien estaba más asustado de los dos, pero me acurrucó en sus brazos, me arropó con su abrigo y me apretó con fuerza contra su pecho, ya no escuchaba más que los estruendos de su corazón

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  8. Andrea García Fernández , 4ºESO , IES RIO NORA

    Jorge estaba ya medio dormido,lo acurruqué contra mí con la esperanza de que entrase en calor; tenía las manos y los pies congelados… hace cuatro días que perdió sus únicos zapatos .
    Ante tal impotencia de no saber qué hacer, comencé a derrumbarme. Una lágrima cayó sobre la cara de Jorge, abrió los ojos y me preguntó: ¿Mamá, por qué lloras? Me quedé en silencio, no sabía qué responder; no sabía si decirle que llevaba una hora sin saber dónde estaba su hermana, si decirle que habíamos perdido nuestra casa o si contarle que habían asesinado a su padre en la guerra..
    Lo miré a los ojos un segundo y le dije: ”Tranquilo hijo,todo va a salir bien”

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  9. Tania García Terrón y Jair Menéndez 3ºB IES "Isla de la Deva" Mori

    Recuerdo que aquel día me desperté por culpa de timbre de la casa de mi abuela. No le quise dar importancia, pero algo me decía que sí debería dársela. Abrí la puerta de mi habitación y oí la voz alegre de mi abuela. Me parecía extraño que su voz transmitiese tanta tranquilidad. Bajé las escaleras para ver quién era la persona que le hacía sentirse así.
    Al llegar a la entrada, esa persona estaba de espaldas. Era una mujer, con un aspecto un tanto desaliñado. Cuando escuchó mis pasos se giró, y entonces le vi el rostro. No podía ser verdad aquello que estaba viendo. Tras seis meses, yo había perdido la esperanza de volver a verlos. Mis padres me habían dejado en casa de mis abuelos, ellos debían huir del país a causa de la guerra.
    Aquella mujer, era mi madre. Me dio un abrazo, entre lágrimas; me decía que todo estaba bien, pero su mirada no decía lo mismo. Alguien faltaba, y ese alguien, era mi padre.

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  10. Tania García Terrón 3ºB IES "Isla de la Deva"

    No sabía por qué, pero allí estaba mi madre, llorando desconsoladamente, diciéndome que no nos pasaría nada, que todo iba a salir bien. Había mucho ruido, oía estallar cosas ahí fuera, pero yo no tenía ni idea de qué podía significar aquello que escuchaba.
    Llevaba días sin ver a mi padre, pero yo no entendía muy bien la razón de que desapareciera sin habernos dicho nada, aunque mi madre me decía que estuviera donde estuviese, estaría bien, acordándose de nosotros.
    Lo último que recuerdo fue un gran estruendo, como si se tratara de una explosión, y unos minutos después, mi madre, allí tirada, inmóvil. A mí me dolía la pierna, no podía caminar.
    Hoy, cuento la historia con 40 años más y una pierna menos, además de una casi toda una vida sin padres.

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  11. Laura Mínguez

    Alli estaba, tumbado en el suelo como si nada, aquella alegría con la que se levantaba todos los días había desaparecido sin dejar rastro, la guerra había cambiado su destino. Me acerqué a él para decirle que nos teníamos que ir a casa, pero cuando me di cuenta ya era demasiado tarde, había muerto. Mis llantos no se podían consolar con nada, lo recordaría para siempre. Pero aquella noche me hizo ser más fuerte y darme cuenta de que las decepciones del ayer no pueden ocultar siempre las alegrías del mañana.

    1ESO B IES Río Nora. Laura Mínguez

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  12. sara

    EL RENCUENTRO
    Nada más acabar la guerra civil, un hijo perdido tras un bombardeo encuentra a su madre. Para él es el mejor momento de su vida, ya que pensaba que su madre estaba muerta. Cuando la ve, le da un abrazo enorme y la madre, aterrada por la desgracia también, lo abraza y le tapa con un viejo abrigo.
    IES Río Nora. 1º ESO B Sara Pañeda Ascariz

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  13. Lara Macía Arenas

    -Estás en una fiesta. Suenan los cohetes, la gente grita de alegría, la música está alta y papá está jugando, está jugando, pequeño…
    La mujer lo sujeta en sus brazos.
    – Mamá, quiero que la fiesta acabe.

    Lara Macía Arenas 4ºC IES Isla de la Deva

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  14. Laura Busto Berbetores

    Hacía mucho frío, mi hijo temblaba pero yo no podía hacer nada. Teníamos mucha hambre y estábamos muy cansados. Tomás, mi niño, quería volver a casa con su padre, pero no sabía que él había muerto cuando la bomba cayó en casa. Ya no nos quedaba nada. Nos dormimos los dos, pero Tomás nunca despertó.

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  15. Laura Junquera Cañete 3ºA

    Llorar ya no vale de nada. No volverán nunca. Tengo frío, estoy temblando. A los lejos suenan un millón de estallidos que retumban en mis oídos. Mi madre me abraza, me intenta dar calor mientras me arropa con una manta. Hay grietas en las paredes, y también en el suelo. Intento dormirme, cierro los ojos y me imagino que todo se acabó, que mi padre y mis abuelos están bien. Pero abro los ojos, vuelvo a la realidad, sólo oigo gritos y gente llorando. Mi madre me intenta tranquilizar. Me da un beso en la mejilla y me canta al oído. Cada vez están más cerca. Oigo temblar el suelo. Mi mente se queda en blanco por un momento y luego, luego… llegó.

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  16. Inés Cabeza Fanjul

    Corría desesperadamente. Escapaba de aquella bomba, la de la estación de tren. De repente vi a un niño de bruces en el suelo. Sin pensármelo dos veces lo cogí en brazos. Continué corriendo. Hasta que encontré un sitio donde resguardarnos. Lo arropé con mi chaqueta y le pregunté su nombre: se llamaba Manolito. Me preguntó que quién era, y le dije:-probablemente no me conozcas, mi nombre es Inés. También le dije:-en momentos como ese no importa quien sea, tan solo importa que estés bien. Y lo abracé.

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  17. Andrea López,3º de la ESO, IES Río Nora.

    Nadie dijo que ser madre fuera fácil. No lo es. Ves a tu hijo y puedes reconocer cómo se encuentra, si le pasa algo… Es un instinto especial, toda mujer que sea madre debería sentir esa felicidad cuando tienes a tu hijo al lado, ese vínculo único y especial que, por más que quieras, no lo vas a tener con nadie. En este caso, a mí, una madre más, se me parte el corazón al saber que mi hijo me pide juguetes y no se los puedo regalar, ya que es un gasto que no nos podemos permitir. Dar excusas de por qué estamos en la calle tanto tiempo, por qué pasamos frío, por qué no tenemos ropa digna ni la suficiente comida para alimentarnos son cosas que mi hijo tendrá que entender cuando crezca… Si por mí fuera, le regalaría mi vida, por muy poco preciada que pueda parecer. Que sea él feliz. Yo tengo el regalo más grande que se puede tener. Mi hijo.

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