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Ya lo sabía yo, les había leído la cartilla al salir de casa, y un mes antes. Cada uno se hace cargo de lo suyo. Nosotras no podíamos llevar todos los bultos. Madre llevaba el suyo, y yo bien sabía que le pesaba.

Tal como nos había dicho el tío, no saldríamos en el primero. Habíamos llegado a las ocho, y las trescientas personas que estaban abordo embarcaron, según decían, a las siete y media. Las sirenas, los gritos, el calor. Juan, Miguelín y Rosa saltaban entre el gentío y yo intentaba sacar el agua.

No nos habíamos ido, pero ya no estábamos en casa.

LA ÚLTIMA HUIDA

La gran tragedia de la Guerra Civil se compone de muchos dramas. Uno fue el del puerto de Alicante, donde en los últimos días de conflicto, hace 75 años, miles de personas acosadas por los vencedores buscaban huir. El Stanbrook fue el último gran barco que burló las bombas, con casi 3.000 refugiados.

“Recuerdo una cubierta abarrotada, con el cielo oscuro sobre nuestras cabezas. Llovió esa noche, no demasiado pero hacía frío. Papá me dijo que cuidara de mi hermanita”. Helia González tiene 79 años y una memoria formidable. Ella es uno de los pocos testimonios vivos de un episodio épico en el último aliento de la Guerra Civil española.

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